Friday, December 1, 2006

¿Perdomista?


Desde hace un año y medio, muchos jueves voy con mis amigos a un local donde genios desconocidos nos cuentan historias ácidas, neutras, picantes, saladas, ... a los que, en estos tiempos, les llaman "monologuistas". Pues entre todos ellos hay uno que brilla por su ingenuidad, por su originalidad, porque, aunque tengas un mal día, siempre consigue hacerte reír con alguna de sus historias.
Pues este pequeño genio se llama David Perdomo. ¿Y quién es David Perdomo? Pues alguien muy especial, alguien que engancha, que es capaz de mezclar millones de personajes y de ideas en un solo cuento, y que consigue darle sentido a las historias más caóticas que uno se pueda imaginar.

Pues después de tanto tiempo viendo sus actuaciones he conseguido dirigirle la palabra. ¿Cómo? De la manera más estúpida que uno se pueda imaginar.
Ayer mismo, después de uno de sus monólogos, algunas de las personas del local se acercaron a felicitarlo. Llevaba un buen rato pensando, y diciendo a mis amigos, "tengo que decirle algo, tengo que decirle algo, tengo que decirle algo", pero no fui capaz. Así que uno de mis amigos se acercó a él y lo llamó "David!", y yo pensando "bien, lo va a traer y luego ya me suelto", y solo se le ocurre decir "¿Te puedo presentar a una amiga?". Diosss!!! Tierra trágame, pensé en ese momento, qué cutre!! no se le podía ocurrir algo más original?? El pobre Perdomo no sé lo que se le pasó por la cabeza, eso sí, el chico muy educadamente y con su sonrisa en la cara nos habló encantado. Si es que es muy grande!!!

¿Por qué perdomista? Creo que ha quedado más que claro...

Thursday, November 30, 2006

Historia de un rescate I

Me presento: Mi nombre es Ana, Zambra para los zambreros, Pantanita para los amigos, perdomista, y defensora de los derechos de los animales.
Soy miembro de la Asociación Protectora de Animales Abandonados del Noroeste (APADAN) y, en ocasiones, junto a otros voluntarios, intento comerme el mundo y cambiar la triste vida de algún animalito.
Pues mi historia es, justamente, la historia de un rescate. Pero no de un buen rescate, sino de un rescate fracasado.
Hace unos días encontramos un perro abandonado en un enorme campeiro, que, al parecer, llevaba mucho tiempo viviendo allí a la intemperie. Pues pensamos, tenemos que recogerlo y darle una segunda oportunidad.
El perro era muy asustadizo, y no había manera de cogerlo. Por este motivo, la veterinaria nos aconsejó intentar darle unas pastillas para dormirlo y así, sería nuestro!! Y allá fuimos mi compañera y yo, con nuestra caja de pastillas, pensando que era una gran idea.
En cuanto llegamos al campeiro el perro nos vio, seguro que pensando "ahí vienen las pesadas de siempre", y metimos las 9 pastillas (sí, eran nueve) en unas riquísimas salchichas. En cuanto se acercó a ellas se las zampó de un bocado, y dijimos "sí!!, somos la caña!!".
Pero no, no fuimos la caña. El perro se fue, y durante bastante tiempo lo tuvimos localizado hasta que, no sé cómo, desapareció, con las 9 pastillas encima.
No hubo manera de verlo nunca más, lo buscamos durante dos horas y media por todas partes, pero el perro no apareció. Suponemos que se quedaría dormido resguardándose en algún escondite.
Así que le dejamos comida, y nos fuimos para casa con el rabo entre las piernas. Nunca mejor dicho.
Ya os contaré cómo termina la historia...